El
jueves pasado, día 2 de febrero de 2012, por la tarde/noche, fallecía Íñigo Babot. Me
enteré en Twitter el viernes por la tarde, recien iniciada la sesión; no lo podía
creer, me quedé paralizado. Varios tweets a continuación, lanzados por personas
muy fiables no dejaban lugar a dudas.
He estado varios días tan impactado, que no he sido capaz de escribir unas líneas para recordarle. Hoy lo hago, en nuestro blog, para reconocer una figura tan singular, también para facilitar que quienes en Alicante tanto le apreciábamos podamos dejar aquí nuestras reflexiones y por qué no decirlo, con cierta intención terapeútica que me permita elaborar mi propio duelo.
Glosar
la parte académica de Íñigo no tendría demasiado sentido. En todo caso, y para
los posibles lectores que no le hayan conocido, enlazamos su curriculum
vitae y también podrán consultar su legado, constituido por las enseñanzas
impartidas en sus múltiples seminarios, talleres, ponencias, etc., así como por
sus publicaciones más conocidas.
No
soy capaz de precisar la fecha, pero sí el contexto en el que conocí a Íñigo. Fue
en una de las Jornadas
sobre e-learning que la ECLAP
programa cada año, dirigidas básicamente al sector público de formación. Era en
Salamanca, creo recordar que eran las segundas. Íñigo tenía una ponencia en la
que hablaba de “grandes fracasos corporativos en e-learning”, donde desgranaba,
sin pudor, errores cometidos al respecto por parte de grandes corporaciones,
sin decir cuáles, obviamente. Justo a continuación venía una mesa redonda sobre
formación en Administración Local en la que yo participaba; empecé mi
intervención retomando el discurso de Babot sobre los grandes fracasos,
diciendo que ello me reconfortaba y me liberaba de culpa a la hora de hablar de
los nuestros que, en todo caso, eran mucho menores, desde una perspectiva de
coste económico. Desde la primera fila se partía de risa oyéndome.
Ello
nos dio pie para poder hablar al final de las Jornadas, con cierta complicidad,
lo que nos ayudó a conectar. Un tiempo más tarde se presentó en Alicante, sin
otra pretensión que comer conmigo y conocer más de nuestro modelo formativo que, al
parecer, y por lo oído, parecía atraerle.
En
estos últimos años, ha colaborado con nosotros en proyectos muy interesantes,
bien directamente con el departamento de formación, bien, intermediado por
nosotros, con el Instituto de la Familia “Pedro
Herrero” dependiente de esta Diputación.
Nos ayudó en la presentación en público del proyecto
holon en Alicante. Dirigió una sesión en la que –sin importarle la cantidad
de público que había en la sala- planteó un case study, y fue capaz de
movilizar a todo el mundo. Gustó mucho, mucho… Trabajó también en la formación
de tutores virtuales para este mismo proyecto, colaboró de forma desinteresada
en la sesión de presentación
de nuestro Plan 2010, … se “encerró” con parte del departamento de formación
durante un par de días en un hotel rural, y de ahí surgió nuestro Plan Director
y el embrión de nuestra formación 2.0 …
Todo
esto facilitó que estableciéramos una relación que iba mucho más allá de la
colaboración profesional. Íñigo era una persona afable, sencilla… hacía fácil
lo complicado y escuchaba mucho. Reconocía el valor y la competencia de las
personas. En estos últimos tiempos, no había vez que nos encontráramos que no
me preguntara por mis colaboradores: ¿qué tal Pedro?…Y Rafa?...y the kid?...y Concha?
y José Vicente?…. para terminar diciendo: ¡¡Qué buen equipo tienes, José Antonio!!.
Debido
al trabajo que hacemos, nos vemos obligados a tratar con mucha gente, de muy
diverso carácter. Algunos/as de ellos/as con cierto reconocimiento público, lo
que de alguna forma les convierte en una suerte de “superestrellas”. Mis
colaboradores, al respecto, dicen a menudo que hay dos categorías: aquellos/as
que van de gurús y que para demostrar su supuesta valía y sabiduría, se
impostan a sí mismos, como si levitaran. Constantemente hacen referencia a su
fama y no se relacionan con cualquiera. Frente a éstos, el otro grupo vendría
caracterizado por aquellos/as que, cuánto más saben, mas sencillos, cercanos y
amables se muestran. Derrochan educación en su trato, agradecen todas las
gestiones hechas por muy sencillas que estas sean, y siempre tienen en la boca
palabras de agradecimiento para la gente que está a su alrededor. En esta
categoría es en la que siempre han situado a Íñigo Babot.
Sabía
de su enfermedad. Me impresionó siempre su saber estar, su manera de abordarla,
con mucha valentía y entereza, sin evadirse de la gravedad del asunto. Recuerdo
cuando, de un día para otro, se fue de unas Jornadas en Valladolid de manera un
tanto repentina. Luego supe que era para operarse de su primer cáncer. Me causó
admiración ver la actitud que tuvo en sus varias ponencias, sabiendo que en un
rato tomaba un avión porque en menos de 24 horas le intervenían quirúrgicamente.
Su recuperación fue espectacular; trabajaba a todo ritmo mientras seguía el
tratamiento farmacológico.
La
última vez que le ví fue el pasado 9 de Enero; no ha pasado ni un mes. Fui a
buscarle al aeropuerto a primerísima hora, lo que nos permitió charlar de lo
divino y lo humano, alrededor de un café con leche. Hablamos de futuro, de
proyectos y colaboraciones comunes. Contrastaba su desmejorado aspecto físico
(no le había visto después de la segunda operación) con su estado de ánimo:
estaba contento, optimista, hasta me habló de fútbol (no sé si sabéis que era
periquito). Su vitalidad era impresionante. Aguantó como un campeón, prácticamente
de pié todo
el taller que duró mas de tres horas. Pero no solo eso; al cabo de la
tarde, le acerqué al aeropuerto; volaba a Madrid, dónde tomaba un coche de
alquiler para llegar a dormir a Burgos, dónde, al día siguiente, se
entrevistaba con mi colega de aquella Diputación. Por todo eso, por esta
actitud ante su trabajo, ante la vida, me está costando mucho más admitir su
desaparición.
Te
recordaremos siempre Íñigo, con tu sonrisa franca y ojos vivaces escondidos
tras esas gafas que nos devolvían de tí esa imagen de adolescente permanente,
con pinta de buen estudiante. Te recordaré también hablando con entusiasmo de
tu familia, de tu mujer, de tus hijas, esas a las que utilizabas de ejemplo en
alguna de tus diapositivas, para hablarnos de ese mundo 2.0 que viene, … que ya
está aquí. Me seguiré riendo cada vez que me acuerde de la cara que ponían los
camareros cuando pedías coca-cola, una tras otra, sin solución de continuidad …
Y recordaremos siempre tu legado y tus enseñanzas sobre formación en general y
e-learning en particular. Para contribuir a ello, me permito insertar en esta
entrada la videoentrevista que te hice hace justo un año, en la que nos
instruyes acerca de las tendencias en formación.









